Hoy me dediqué a caminar mucho. Vivir en Bogotá invita a caminar no porque sea una ciudad diseñada y pensada para eso, sino porque andar en carro se volvió jarto y coger un taxi, es una aventura (cuando se les da la gana de llevar a la gente a donde realmente uno lo necesita). Me gusta caminar. Con frecuencia bajo desde mi apartamento en Chapinero Alto por la calle 69, que tiene varios restaurantes, porque me gusta mirar a la gente. Me gusta torear el destino y ver si, por qué no, me topo con alguien conocido, algún cliente, no sé, solo para ver cómo son sus vidas cuando no están conmigo. Es que ser p.uta es ver lo que nadie ve. La vida es muy irónica pero las mamás, las esposas, los hijos, los amigos de X persona, no verán nunca lo que yo he visto de esa persona. Soy una desconocida y sé más secretos que sus más allegados. Todos tenemos una cara oculta y yo conozco la de mis clientes.
¿Sabrán las novias o las esposas que a su novio o esposo le gusta que le metan un vibrador? ¿Sabrán que les gusta que una mujer los coja a cachetadas? ¿Sabrán que les gusta disfrazarse de mujer así sea por una hora? ¿Sabrán que me piden múltiples posiciones en la cama mientras que con ellas apenas se limitan a polvos tristes? Yo conozco muchas “caras ocultas”, esas que nadie ve. Veo gente caminar, con parejas, solos, con amigos y me gusta adivinar lo que guardan sus mentes.
Una vez un tipo me contrató a mí y a otra prepago para un trío y, aunque se reían, terminamos jugando cartas sobre su cama, semi desnudos sin que haya pasado algo más. ¿Por qué? No tengo la respuesta. Nos pagó por eso. Seguramente tenia la intención de tener sexo y se arrepintió o no se le paró o lo que sea… pero nos pagó para jugar cartas en ropa interior. ¿Absurdo? Puede ser. Pero también he tenido clientes que solo quieren que yo me emborrache con ellos. Otro me invitó a la 116 con 19, a un sitio de mariachis a cantar, a desahogar el más hondo de los despechos. Todo esto sin tener sexo. Otros me han pedido que les hable de mis experiencias en la cama, de lo que me gusta o no me gusta. Y ya. Solo quieren eso. Otros que me pare sobre sus espaldas, con mis tacones. O sobre el pecho, con tacones también, hasta que quede una marca que podría parecer una herida. Otros que me siente sobre ellos, muy cerca de sus caras, desnuda totalmente, solo para ver mi v.agina. No la tocan, solo la ven… y se vienen. Y, por supuesto, otros –la mayoría- quieren el sexo que no encuentran en otra parte. Quieren saciar todo tipo de fantasías con el cuerpo de una mujer desconocida que, contradictoriamente, ve a fondo las “caras ocultas” que no ve el resto de la sociedad.
Hoy, sin afán, caminé por la séptima, bajé por la calle 76 hasta la 11 y seguí hasta el Andino. Me encanta comerme un helado de Crepes ahí dentro del Centro Comercial. No me molesta ir sola, me gusta. Siempre me detengo a ver vitrinas, a mirar cosas, a comprarme algo. Ser p.uta, también, es estar a la moda. A los clientes les gusta verme bien y más los que me invitan a comer y a rumbear.
¿Y ustedes dirán que a dónde voy con todo esto? Que esa es “mi cara oculta”. Contradictoriamente, mis clientes me ven en la cama, complaciéndolos, fingiendo ser lo que ellos quieren que yo sea. No saben que jamás me voy a casar con uno de ellos, ni me interesa acabar con sus matrimonios como sí lo han hecho prepagos que conozco y que, por exceso de ambición, no les importa acabar con relaciones concientes de que no quieren al tipo y que en cuestión de semanas lo van a dejar. Tampoco soy de esas prepagos que atienden en su casa como sí lo hacen muchas, convirtiendo su propia cama en lugar de trabajo. Tampoco hago promesas de amor cuando un cliente jura que me ama y que daría todo por quedarse conmigo.
Tampoco soy de las que se deja engatusar con palabras bonitas o una canción que sé ha sido dedicada a cuanta mujer conocen. Mis clientes no saben –muchos- que lo que más me gusta en la cama es que me chupen las tetas con delicadeza, con leves mordiscos que apenas se sientan y que, incluso, alcanzo a tener orgasmos solo con eso. Mi cara oculta, la que nadie conoce, es saber que una mujer hace mejor sexo oral que un hombre. Que no soy lesbiana pero que es la verdad: una mujer chupa delicioso. Mis clientes no saben que no les voy a dar mi nombre verdadero por nada del mundo y que, incluso, solo por complacerlos, les he inventado cualquier nombre y cualquier apellido. No saben que aunque me acuesto por dinero, no me gustan los traquetos. Ni los hombres que huelen a cigarrillo, ni los que parece que jamás usaran desodorante. No saben que yo camino por donde ellos caminan, que como donde ellos pueden comer, que entro almacenes donde pueden haber estado. Que me encanta la música, que me pone feliz un día soleado, que me encanta ir al gimnasio, que también me pongo triste, que también, a veces, me siento sola. Que me gusta escribir y que tengo un blog. Que soy una mujer como cualquier otra.













